miércoles, 11 de mayo de 2011

Unos Cuantos De Cuentos

Pedro, el chicoHabía una vez un padre que tenía tres hijos y no les podía dar de comer. El hijo mayor se marchó lejos a buscar trabajo. Llegó a casa de un labrador que era muy rico, pero avaro. El labrador le dio trabajo. Hicieron un trato: si uno de los dos se enfadaba, el otro le daría palos.El amo mandó al muchacho a guardar las mulas. Le puso como condición que debía regresar por la noche, con una mula riendo y la otra bailando.El muchacho, muy preocupado, no sabía cómo hacer reír a una mula y bailar a la otra. Regresó con las mulas, y sin que nadie le viera, se marchó porque tenía miedo de que el amo le diera palos.Volvió muy asustado a su casa y explicó a su padre lo ocurrido.El hermano mediano también salió a buscar trabajo, y le ocurrió lo mismo que al mayor, y también regresó a su casa asustado.Luego llegó el turno al hermano pequeño que se llamaba Pedro y chico, muy chico.El labrador lo tomó como mozo, y le puso la misma condición que había puesto antes a sus hermanos: si se enfadaba, le daría de palos.Pedro aceptó el trato, pero le dijo al amo:- Si el que se enfada sois vos, seré yo, quien os dé de palos.El amo le mandó también guardar las mulas y también le dijo que tenía que regresar con una mula riendo y otra bailando.Pedro, se puso a pensar cómo podía hacerlo y decidió cortar el morro a una mula, y cortar una pata a la otra. Miró a la primera, y parecía que reía. Miró a la segunda, y parecía que bailaba.El labrador al ver que las mulas ya no le servían, se enfureció, pero en aquel momento, Pedro le preguntó:- ¿Os enfadáis, señor?Y el amo contestó:- ¡No!El labrador y su mujer se dieron cuenta de que Pedro era más listo que ellos y decidieron hacerle desaparecer.Al día siguiente, le mandaron a apacentar el rebaño de ovejas a una montaña.Allí había un gigante que se comía a todo el que encontraba. Pedro, antes de salir de casa cogió un requesón, un palomo y un cordel. Cuando llegó a la montaña, se encontró enseguida con el gigante. El gigante dijo a Pedro:- ¿Quieres que veamos quién de los dos tiene más fuerza?Pedro contestó:- Sí. Entonces el gigante cogió una piedra y la tiró lejos, muy lejos. Luego dijo a Pedro:- Vamos a ver si consigues tirar la tuya más lejos.Pedro entonces, en lugar de tirar una piedra, soltó el palomo. El palomo voló lejos, muy lejos, mucho más que la piedra.El gigante se sorprendió y dijo:- Vamos a probar otra vez.Cogió una piedra y de un solo puñetazo, la aplastó.Pedro cogió el requesón, que parecía una piedra, y le dio un puñetazo y lo dejó más aplastado que la piedra del gigante.El gigante se sorprendió y dijo:- Vamos a probar otra vez.Y de un tirón arrancó de cuajo un roble de los más altos y robustos.Pedro, sacó el cordel que llevaba y ató quince robles muy altos. El gigante sorprendido le preguntó:- ¿Qué haces?Pedro le contestó:- Yo, los árboles los arranco de quince en quince. Por esto primero los ato con un cordel.El gigante, sorprendido, dijo:- No es necesario que lo hagas, ya que me vas a dejar sin árboles; no, no, ya te veo capaz de hacerlo.Entonces el gigante tuvo miedo de Pedro y decidió acabar con él, pero Pedro se escapó.Por el camino, se encontró con un comerciante que le compró todas las ovejas y le dio una bolsa llena de monedas de oro.Pedro regresó a su casa y dijo a sus amos que el gigante le había robado todas las ovejas. El labrador refunfuñó y Pedro le preguntó:- ¿Os enfadáis, señor?Y el amo contestó:- ¡No!El labrador avisó a Pedro que sólo podía quedarse en su casa hasta que se oyera cantar al cuclillo.Para que Pedro se marchara, el labrador le dijo a su mujer:- Esta madrugada, subes a una rama del árbol que hay en el jardín y desde allí imitas el canto del cuclillo.Pedro oyó la conversación y se preparó …Cuando de madrugada, oyó cantar el cuclillo, abrió la ventana y disparó la escopeta.Seguidamente, se marchó a buscar al labrador y le dijo:- El cuclillo no cantará más.El labrador salió asustado a ver que había ocurrido. Trató de despedir a Pedro, pero el muchacho, le dijo:- No me iré si antes no me das el dinero que me corresponde.El amo le pagó sus servicios y Pedro se marchó hacia su casa. La Nuez de OroLa linda María, hija del guardabosques, encontró un día una nuez de oro en medio del sendero.- Veo que has encontrado mi nuez. Devuélvemela -dijo una voz a su espalda.María se giró y se encontró frente a un ser diminuto, flaco, vestido con jubón carmesí y un puntiagudo gorro. Podría haber sido un niño por el tamaño, pero por la astucia de su rostro comprendió la niña que se trataba de un duendecillo.- Vamos, devuelve la nuez a su dueño, el Duende del Bosque - insistió, inclinándose con burla.- Te la devolveré si sabes cuantos pliegues tiene en la corteza. De lo contrario me la quedaré, la venderé y podré comprar ropas para los niños pobres, porque el invierno es muy crudo.- Déjame pensar..., ¡tiene mil ciento y un pliegues!María los contó. ¡El duendecillo no se había equivocado! Con lágrimas en los ojos, extendió el brazo para darle la nuez.-Guárdala - le dijo entonces el duende: tu generosidad me ha conmovido. Cuando necesites algo, pídeselo a la nuez de oro.Sin más, el duendecillo desapareció.Misteriosamente, la nuez de oro procuraba ropas y alimentos para todos los pobres de la comarca. Y como María nunca se separaba de ella, en adelante la llamaron con el encantador nombre de "Nuez de Oro".Fin Pedro y el loboÉrase una vez un pequeño pastor que se pasaba la mayor parte de su tiempo cuidando sus ovejas y, como muchas veces se aburría mientras las veía pastar, pensaba cosas que hacer para divertirse.Un día, decidió que sería buena idea divertirse a costa de la gente del pueblo que había por allí cerca. Se acercó y empezó a gritar:- Socorro! El lobo! ¡Que viene el lobo!La gente del pueblo cogió lo que tenía a mano y corriendo fueron a auxiliar al pobre pastorcito que pedía auxilio, pero cuando llegaron, descubrieron que todo había sido una broma pesada del pastor y se enfadaron con él.Cuando se habían ido, al pastor le hizo tanta gracia la broma que pensó en repetirla. Y cuando vio a la gente suficientemente lejos, volvió a gritar:- ¡Socorro! ¡El lobo! ¡Que viene el lobo!La gente del pueblo, al volver a oír los gritos desesperados del joven pastor, empezó a correr otra vez pensando que esta vez si que se había presentado el lobo, y realmente les estaba pidiendo ayuda. Pero al llegar donde estaba el pastor, se lo encontraron por los suelos, riendo de ver como los aldeanos habían vuelto a auxiliarlo. Esta vez los aldeanos se enfadaron aún más y se marcharon terriblemente enojados.A la mañana siguiente, el pastor volvió a pastar con sus ovejas en el mismo campo. Aún reía cuando recordaba como hizo correr a los aldeanos con sus pesadas bromas. Pero no contaba con que, ese mismo día, si iba realmente a ver acercarse el lobo. El miedo le invadió el cuerpo y, al ver que se acercaba cada vez más, empezó a gritar:- ¡Socorro! ¡El lobo! ¡Que viene el lobo! ¡Se va a comer todas mis ovejas! ¡Auxilio!Pero esta vez los aldeanos, habiendo aprendido la lección el día anterior, hicieron oídos sordos.El pastorcillo vio como el lobo se abalanzaba sobre sus ovejas, y chilló cada vez más desesperado:- ¡Socorro! ¡El lobo! ¡El lobo! - pero los aldeanos continuaron sin hacer caso.Es así, como el pastorcillo vio como el lobo se comía unas cuantas ovejas y se llevaba otras para la cena, sin poder hacer nada. Y se arrepintió en lo más profundo de la broma que hizo el día anterior. Fin

No hay comentarios:

Publicar un comentario